"(...)¿ propongo yo que todo ciudadano sea libre de seguir su propia razón y de creer cualquier cosa que dicte esa razón esclarecida o alucinada? por cierto, siempre que no perturbe el orden publico. el supuesto derecho a la intolerancia es absurdo y bárbaro. es el derecho del tigre; no, mucho peor, por que los tigres solo despedazan a fin de conseguir alimento, mientras que nosotros nos destrozamos mutuamente por unos párrafos (...)".
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